Hay dos anécdotas encontradas en el libro de Fernando Argenta «Clásicos Populares, la música clasica a través de sus genios», que nos ha llevado a escribir este artículo que relaciona al genio de la música Ludwig Van Beethoven con el queso.

Un curioso envoltorio para el queso en la casa de Beethoven
El músico nunca estuvo satisfecho con el personal que contrataba, tanto para llevar su casa como para cocinar. Y al parecer él tampoco fue muy bien valorado como jefe, dado su rapidez en despedir y echar de casa al personal.
En una carta a uno de sus amigos, Beethoven escribía: mi casa es exactamente como un naufragio o cuando menos, tiende a parecerlo.
Beethoven compuso el Kyrie de su Misa solemnis en un estado de excitación total que le había llevado primero a la depresión y luego a la euforia. Quiso hacer unas correcciones y buscó la obra, la buscó y volvió a buscar. No aparecía el manuscrito por ningún lado. Al final fue a la cocina a reponer fuerzas; abrió la despensa y sacó de allí el paquete que contenía el queso. Al desenvolverlo, vio, con asombro primero, y con ira después, que el papel que había usado la cocinera para envolverlo era ¡parte del manuscrito! (Clásicos Populares, de Fernando Argenta)
Tan sólo podemos añadir que su pasión por el queso le ayudó a encontrar su trabajo y que no acabara totalmente perdido.

Beethoven y sus platos favoritos
Además del pescado, con el que le gustaba obsequiar a sus mejores amistades, y la sopa de pan, podemos afirmar que los macarrones estaban en su lista para deleitarse.
Los solía tomar con queso parmesano y cuando estaban bien hechos, se ponía de un humor estupendo. Pero eso no sucedía en demasiadas ocasiones, ya que él se distraía a menudo componiendo, y por tanto, la pasta se pasaba. (Clásicos Populares, de Fernando Argenta)
Sobre el queso parmesano que le gustaba a Beethoven y su origen
Como todo alimento con historia y excelencia en su producción, goza de una denominación de origen protegida. Eso significa que sólo las provincias italianas de Parma, Módena, Reggio Emilia y ciertas zonas de Bolonia y Mantua. Sólo leche cruda de vaca, sal y cuajo. Maduración mínima de 12 meses. El ganado con pasto fresco y heno local.
A Beethoven le volvía loco el queso parmesano, y aunque no fuera un producto barato, la alegría que le provocaba junto a sus macarrones, seguro que ha contribuido a su música.





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